miércoles, 28 de marzo de 2007

Capitulo 2

LAS GUERRAS ANTARTICAS


Cansado y satisfecho en carne humana decidió ir a dormir. Camino a lo largo de la gran caverna helada hasta llegar a un grupo de chaquetas enemigas sobre las cuales dormía, con ellas creaba una capa aislante del hielo sobre el cual seria un suicidio quedarse dormido. Hacia mucho que no estaba satisfecho, de hecho no se había comido ninguna de las barras energéticas con las que sus adversarios, no caníbales, se mantenían con vida; en cambio decidió guardarlas para cuando la carne se acabara.

Se recostó deseando poder quitarse aquel traje aislante de hule que le mantenía vivo y caliente, recordando como era dormir con poca ropa en un camastro o incluso desnudo al lado de una mujer. ¿Hacia cuanto que no se lo quitaba? Parecían años ya; de hecho lo más probable es que fuera un año al menos. – De ser así me iré a casa pronto – se recordó a si mismo la promesa de volver a esa patria distante.

Ya una vez acostado y rendido se quito, incómodamente, el cinturón y lo dejo a un lado de la cama, lo mismo hizo con las heladas protecciones metálicas para sus antebrazos. Y dejando una pistola sobre su pecho maldijo de nuevo, ahora por no poder sacarse los guantes, ni las botas.

- Dormir incomodo es mejor que dormir por siempre- Decía su instructor en la escuela de alta montaña. Hasta el momento le encontraba razón.

Apago su lámpara y quedo sumido en la completa oscuridad.

Despertó con el crujir de la cueva y nieve cayéndole encima - ¿Qué mierda?- se pregunto de golpe, e inmediatamente se recordó lo que debía hacer – Piensa, piensa –

Se levanto de golpe y busco la lámpara a tientas. Tomo su cinturón, su fusil, su mochila, se puso su equipo de sustentación vital y se preparo para salir de la cueva a inspeccionar o huir. Llego al final de la cueva, ya respirando el aire filtrado y tibio de su mascara, para luego arrastrarse por el estrecho agujero que le servia de puerta. Salio al trote y dio la vuelta por la colina helada bajo la cual estaba viviendo y se lanzo de pecho a la nieve para camuflarse con ella. Su uniforme completamente blanco lo hizo de inmediato casi invisible.

La nieve levantada por el viento eterno le impedía ver con claridad, pero aun así le pareció ver figuras humanas caminado con lo que podía ser un vehiculo – ¡Un vehiculo! Algo que camine en esta nieve asquerosa. ¿Pero de quien?- se dijo a si. Sabia que no podía ser chileno, su escuálida republica no tenia los recursos para enviar mas que hombres a la ultima guerra; y los consorcios globales hacia mucho que no podían desarrollar un vehiculo capas de soportar las batallas y las nieves, menos a esta distancia del polo. Tenia que haber llegado hasta ahí por sus propios medios, ya que ninguna aeronave podía volar bajo las nubes eternas que cubrían el continente en constante tormenta.

Las figuras humanas se veían de la mitad de la altura del vehiculo, por ende era lógico pensar que se transportaban en el. -Vaya vehiculo, capturarlo será al menos una buena excusa para abandonar mi puesto y llevarlo a la base- se dijo en voz alta para darse animo, mientras pensaba en el porque estarían esos sujetos caminando; algo buscaban. ¿A el?

Era algo factible puesto que ya llevaba un tiempo haciendo desaparecer gente en la misma área – Estupido pasaste mucho tiempo en el mismo lugar- Se recrimino, mientras se levanto para ver de mas cerca.

Obviamente los cuatro soldados que iban a pie estarían en contacto radial constante, entre ellos y el vehiculo; seguramente estarían escuchando la misma música. Debía matarlos en el menor tiempo posible y en silencio. Eso era lo más difícil.

Su confiable fusil de dardos le daba una ventaja que los invasores no parecían haber comprendido. Cada vez que disparas un láser puedes ver el blanco y el tirador unidos, aunque sea brevemente, por un as de luz; eso nunca ocurría con un arma mas barata, menos potente, de menor alcance pero que no dejaba rastros de haber sido utilizada; no al menos en medio de una mañana antártica.

Se echo a tierra más cerca de sus objetivos y apunto de inmediato al último de ellos. Los soldados habían echado suertes para ver en que posiciones buscarían, era obvio que los dos hombres en la retaguardia serian los primeros en morir en caso de un ataque. El dolor y lo que este significaba no fue una sorpresa muy grande para el primero en caer; ahora debía esperar a que el otro hombre en la retaguardia se diera cuenta de que su compañero ya no los seguía y bajara la guardia, quedándose así un poco más separado del grupo.

La segunda ráfaga que cruzo el aire frió destrozo la mascara de su objetivo sin dejarle tiempo para dar la alerta. Se puso en pie y corrió a ocupar el lugar de uno de los enemigos caídos. Al llegar a la posición disminuyo el paso y camino calmadamente hacia el que parecía comandar el grupo a pie. Le toco el hombro y este se volteo, antes de que se alcanzara a formular una pregunta en la mente de su enemigo, se toco el oído e indico a la retaguardia. Su ahora interlocutor de señas le movió la cabeza y paso de largo hacia la retaguardia dejándolo solo, mientras seguramente informaba al vehiculo que tenían problemas con la radio y que faltaba un hombre. El vehiculo se detuvo y las posiciones cambiaron; el comandante del grupo paso a la retaguardia dejando, sin saberlo, a su ultimo hombre solo con un enemigo hostil, mejor entrenado, armado y ya infiltrado en sus filas. En unos segundos ya no tenia mas hombres; seguramente del vehiculo le estarían avisando que habían perdido contacto radial con el resto del equipo.

Fue lo último que le informaron. Ahora el vehiculo estaba ciego y solo; era grande pero no debían quedar más de tres hombres dentro, a lo mucho.

-¿Cómo entro?- Era la pregunta lógica que se estaba haciendo cuando el vehiculo pareció moverse. No cualquier movimiento sino el que ocurre cuando se abre de golpe una escotilla o puerta.

Inmediatamente se agacho con la espalda pegada a aquella maquina y exigió a su mente una solución. Ya había visto que en la parte superior el vehiculo de orugas tenia una especie de cañón; probablemente un láser conectado a la fuente de poder del vehiculo, lo que le daba la posibilidad de disparar si llegar a descargarse. Alguien debía haber salido a operarlo. -¿Qué pretenden? Les convenía mucho mas el quedarse encerrados, seguros y huir.- la estupidez ajena es algo que muchas veces le daba rabia, aun sabiendo que en este caso debía agradecerla.

Tomo una de las pocas granadas que le quedaban en su cinturón y arrojo dos. El soldados trato de defenderse disparando pero lo único que logro fue dar en el vehiculo antes de volar en pedazos. Debía ahora moverse rápido, seguramente otro de los hombres que quedaban dentro trataría de ocupar el cañón, o peor aun cerrar la escotilla, mientras el tercero conduciría el vehiculo lejos en una huida desesperada. Pero tenia una posibilidad si lograba subir de prisa, pues el cuerpo, o lo que quedaba, del primer artillero estorbaría el paso del segundo soldado y le daría le tiempo suficiente para entrar. Una vez adentro ya seria peligroso.

Subió apoyándose en la oruga justo antes de que esta comenzara a moverse, y logro afirmarse de los restos del cañón para no caerse justo a tiempo. El segundo soldado salio a la intemperie armado con una pistola pero si el equipo necesario, sin siquiera una mascara. El frió comenzó a matarlo en cuanto saco la cabeza del vehiculo, los dardos recubiertos de teflón que lo atravesaron solo le evitaron el sufrimiento.

Su cuerpo callo por la escalerilla hasta el piso interior del vehiculo, haciendo lo que debió ser mucho ruido. Había que recargar el fusil antes de bajar, pues no sabia que le esperaba allí abajo y no podía simplemente dejar caer una granada pues necesitaba el vehiculo intacto. O al menos lo mas intacto posible.

No tenía mucho tiempo para pensarlo; por lo que lo hizo rápido. El tipo que quedaba, si es que era solo uno, estaría armado cuando menos con una pistola de dardos impulsada por gas comprimido, como su fusil; lo estaría esperando y bajar seria un suicidio. Tampoco podía simplemente disparar pues los dardos al atravesar el o los cuerpos de el o los enemigos, destrozarían la cabina. Este era un trabajo para el corvo.

En eso el vehiculo se detuvo. No había pasado ni diez segundos desde que cayera el segundo tripulante. Ya era casi definitivo solo quedaba uno y lo estaba esperando.

Decidió finalmente arrojar su ultima granada de humo en el interior, y confiar en su habilidad para luchar con poca visibilidad y en que el frió que entraba al vehiculo aletargaría los movimientos de su adversario.

De poder contar con que el frió lo mataría antes de que se disipara el humo no habría tenido que entrar, pero los pulmones y los ojos de su enemigo no se congelarían lo suficientemente rápido dentro del vehiculo. Por lo que arranco los restos del cañón láser y lo arrojo abajo por la escalerilla. Pronto escucho, a pesar del viento, el rebotar de dardos sobre el metal. Contó hasta 20 y se dejo caer con el corvo desenfundado.

Se quedo lo más agachado que pudo luego de caer y en cuanto vio a la figura de su adversario frente a el, se le abalanzo. El ultimo de los ocupantes de aquella maquina estaba recargando su arma, y termino de hacerlo justo cuando una punta de acero muy helada se le clavaba en la pierna buscando su arteria femoral.
Mientras lo apuñalaba escucho un par de dardos más rebotar por la cabina. Entonces jalo su cuchillo mientras le tomaba a su adversario la mano con la que sostenía el arma, así lo llevo a la altura en que el se encontraba y más abajo, al piso. Desgarrándole la pierna, luego de dejarlo sin apoyo y mientras caía; lo degolló.

Se levanto dando gracias a Dios. Luego guardo el corvo con la sangre congelada en la hoja y mientras el humo se desvanecía busco una insignia que le dijera quien de sus enemigos había concebido una maquina así. La encuentra y no le sorprende “LG WORLD”

Luego de disipado el humo se deshizo de lo que parecía ser el detector SPA (sistema de posicionamiento antártico), bloqueo la radio, se deshizo de los cuerpos, cerró la escotilla y finalmente aprendió a conducir esa maquina capaz de transportarse por el continente mas frió del mundo. Cuando por fin supo como hacerlo lo llevo hasta su cueva y comenzó a cargarlo para el largo viaje.

Cuando has estado mucho tiempo matando enemigos de distintas razas y de distintas compañías, y en especial si perteneces a un pequeño país que requiere de todos los suministros posibles, se acumulan muchas cosas. Rifles láser, pistolas de dardos, mascaras y sistemas de sustento vital, chaquetas, radios enemigas; etcétera. Todo eso debía ser llevado a la base CERO, todo eso podía sostener a varios soldados más. La clave de la guerrilla era que no solo derrotabas a tu enemigo de apoco, sino que además te fortalecías, te alimentabas de el. Eso el lo tenia sumamente claro.

El viaje comenzó con una larga vuelta para evitar las posibles patrullas que estarían buscando esa maquina y un corto mensaje por radio: “Aquí depredador 35.415.067- k, regreso a la base a bordo de vehiculo enemigo”.

1 comentario:

AlejandraLeMiau dijo...

me sige gustando, kiero maaaaas!!!! capitulos ^^
aunk si me gustaria mas sangre, mas detalles en las muertes... jijijiji

Tu Mariposa k te ama hasta el texo y mas asha ^^