LAS GUERRAS ANTARTICAS
Ella había sido criada en una pequeña casa por una numerosa familia. Había vivido bajo tierra y jugado a nivel de la tierra, mientras los hijos de las clases más acomodadas vivían en grandes edificios a kilómetros sobre la superficie; algunos incluso sobre las grises nubes acidas. Cuando nació era la menor de cuatro hermanos; al momento de enlistarse en el ejercito era la hermana del medio en un grupo de ocho. Su vida entera había sido difícil, había aprendido a pelear al defenderse de niños y niñas mas grandes que ella; ya a los doce años había comprendido que si no estaba armada no podría sobrevivir en el mundo. Su educación había sido pobre y tenía el orgullo de pertenecer al cincuenta y siete por ciento de la población, que sabia escribir y leer; luego el ejército le había enseñado más.
Había soportado mucho en un mundo tan oscuro como la sombra de los grandes edificios donde ella no podría vivir; no dejaría crecer la lista de cosas que soporto, sumándole ser violada en un iglú. Jamás; moriría antes de eso o mataría a quien lo intentase.
Se quedo quieta mientras el sujeto le quitaba su coraza y la tocaba; sabia lo bien entrenado que el estaba y necesitaba esperar el momento preciso. Ese momento fue cuando le quietara la mascara; todos los hombres siempre la encontraron hermosa y ella, si bien no había podido vivir de eso, sabia utilizarlo como arma. Una vez sin la mascara y con sus ojos abiertos lo encandilaría igual que el a ella con aquella luz.
Le pateo la cabeza con todas sus fuerzas, con toda su rabia y con todo su odio a los hombres. El verlo caer, mientras ella se incorporaba y sacaba el cuchillo de su pantorrilla con su mano derecha, había sido exquisito. Entonces deseo más, y tomando el cuchillo con la hoja apuntando hacia abajo salto sobre el; tratando de usar el peso de su cuerpo para hundir la hoja, lo mas posible en el rostro de aquel enemigo. Se estiro toda y elevo el cuchillo por sobre su cabeza lo mas que pudo, para bajarlo con la mayor de las fuerzas.
Su puñalada mortal fue detenida al instante, con lo que le pareció demasiada facilidad. De hecho mientras caía sobre él y él levantaba los brazos le pareció escuchar que el decía. – Estupida. –
Antes de que se pudiera levantar y justo cuando se dio cuenta de que le habían pateado la cabeza, la vio volar por los aires en dirección a sí. La vio hermosa en su vuelo y peligrosa con su cuchillo en la mano. Pero el hizo aquello para lo cual estaba entrenado, pensó rápido y antes que ella; se adelanto a su ataque y utilizo las protecciones metálicas que tenían sus antebrazos para bloquear la puñalada golpeándole, con plena seguridad de salir indemne, la muñeca. Puede que incluso sin darse cuenta se le haya escapado el decirle – Estupida. –
Se le había escapado mientras pensaba lo inútil de aquel ataque y de cómo eso denotaba la total falta de técnica al usar el cuchillo. En esos tipos de ataque nunca se debe atacar el rostro, pues instintivamente es lo primero que el enemigo se cubre; por el contrario se deben atacar partes bajas como las piernas, el abdomen e incluso los brazos, todos ellos lugares difíciles de defender estando en el suelo.
Detuvo la puñalada con su mano izquierda a varios seguros centímetros de su pecho, para luego retirar la mano con el cuchillo de entre ellos dos y sujetarla por la garganta con la derecha; sin soltar la mano con el cuchillo. Así la levanto por la garganta y se voltearon quedando el sobre ella.
Ella lo aprisiono con las piernas tratando de sacarle el aire, mientras el la forzaba a clavar el cuchillo en el hielo; al tenerla sujeta por la garganta y su mano izquierda, libre, no podía alcanzar a golpearlo en otro lugar que no fuera su brazo. Le golpeo el reverso del codo repetidas veces, tratando de que al doblarlo se redujera la distancia lo suficiente para golpearlo; sin obtener resultado alguno. El comenzó a golpearle las costillas con la mano izquierda y ella aprovechando los dos brazos libres; se aferro a su brazo y levanto las piernas para liberarse y llevarlo a tierra. El se vio atrapado en la llave y solo pudo rodar para liberarse.
Ambos se incorporaron quedando unos frente al otro en un espacio muy reducido. Al estar ambos a la espera del movimiento del enemigo, bajo esa luz artificial, se pudieron apreciar mutuamente; ella vio como el traje de hule dejaba ver su cuerpo cruzado por músculos, su espalda no muy ancha delimitada por grandes hombros de los que salían gruesos brazos. Aprecio su abdomen firme producto de la inanición, sus piernas gruesas, producto del incesante caminar en la nieve. Tenia el un rostro más bien amable, con labios carnosos, nariz ancha y una cien sangrando.
Ella nunca había visto a un enemigo tan de cerca y por algo que no podía explicar, no pudo evitar el recordar como algo menos desagradable el que el la hubiera tocado como lo hizo.
A el le pareció mucho más atractivo que una belleza así, pudiera pelear como ella; si bien no tenia gran técnica, tenia mucho más que fuerza bruta, tenia espíritu. En eso se dio cuenta de que, el como ella lo miraba había cambiado y decidió acabar con ella.
La miro a los ojos relajando su postura cosa de deliberadamente llamar su atención y antes de que ella pudiera moverse el, apago la luz. – Cagaste.- lo escucho decir, sin saber que significaba.
Ella no estaba acostumbrada a pelear en la oscuridad, pero el si; ella no tenía buenas técnicas cuerpo a cuerpo y el si. Por lo que solo escucho breves pasos en el hielo y casi de inmediato sintió dolor en el abdomen, luego en el muslo izquierdo, para continuar con un dolor en su espalda acompañado con la sensación de haber perdido el equilibrio. Estando en el suelo trato de levantarse pero claramente sintió el peso de el sobre ella y una mano en su garganta nuevamente; con la diferencia de que el no estaba entre sus piernas sino sobre ella. Palpo los músculos de aquel brazo que la mataría de un momento a otro en aquella oscuridad; tuvo miedo y pensó en su hogar y en su asesino. Todos sus pensamientos se fueron a la cresta, cuando sintió sobre los suyos dos helados labios; que en un beso negado durante años, se fueron lentamente haciendo más y más calientes.
Llevo una de sus manos a la nuca de aquel hombre enemigo que la besaba y el le sujeto el brazo contra el hielo; recordándole que no confiaba en ella mientras emitía un gemido de gusto al besarla. Ella movió su otra mano a su espalda; el soltó su garganta y la sujeto por la muñeca y la llevo hacia el suelo junto a su otra mano por sobre su cabeza, sin que en ningún momento sus lenguas dejaran de jugar.
Se sintió prisionera y excitada, indefensa ante aquel beso que no terminaba; sin poder pensar en nada, con solo sus oídos y su tacto funcionando en aquel frió y aquella oscuridad. Y sin saber como ni queriendo saber por que, de pronto deseo estar desnuda. Sus piernas comenzaron a moverse por si solas y el se metió entre ellas, sujetaba sus manos ahora solo con su mano derecha y con la izquierda comenzó a tocarla por sobre el traje. El maldito traje que ninguno de los dos podía quitarse por más que quisieran.
El volvió a besarla mientras tocaba sus pechos por sobre el traje, y ella lo aprisionaba con sus piernas queriendo sentir su pene contra ella, sin poder conseguirlo. Tenía ella un dispositivo cubriendo toda su vagina, encargándose de succionar todo lo que de ahí saliera y depositarlo en el bolsillo de su muslo; evitando así el sacarse el traje en ese frió, y el sentir cualquier rose. El quería hacerla sentir su erección y su excitación, pero todo lo que sentía era un bulto de plástico duro.
Así ninguno de los dos podía llevar al otro ni a si mismo a un orgasmo; deseándolo como solo se desean las cosas que no se pueden tener. Deseando quitarse el traje y perder la vida sobre el hielo. Tanto era el deseo que el soltó sus manos para tocarla y ella lo abrazo y toco en retribución. La sola calentura los hizo darse vuelta quedando el debajo de ella, sintiendo la presión de aquel cuerpo femenino sobre su pene y pudiendo tocar a mansalva el trasero de esa mujer; que en cualquier momento podía matarlo. Fue cuando tocaba - Ese culo.- como el lo llamaba en su mente, que encontró la manguera que se hundía en el; cuando la toco algo paso, ella se movió extraño.
Al estar sobre el ella podía besarlo como y cuanto quisiera, y el estar en control la excito aun más que el estar prisionera; mas aun faltaba algo para transformar aquel deseo en felicidad. Ella sabía que necesitaba desesperadamente ser penetrada, y sabía que era imposible. Hasta que sintió moverse la manguera que tenia metida en el ano, y recordó que ya estaba penetrada y que había aprendido a vivir con esa cosa tan incomoda; que de pronto dejo de ser tan incomoda y comenzó a sentirse liberadora.
No supo bien que estaba pasando pero cada vez que movía esa manguera bajo el traje ella se contraía y apretaba más su pene. Eso era todo lo que el necesitaba saber. Presiono la manguera todo lo que pudo y ella levando la cabeza arqueando la espalda; con la mano derecha movía violentamente la manguera, y con la izquierda se aferraba a ese magnifico trasero para sentir sobre el cada movimiento. Ella gemía como el nunca había escuchado gemir a nadie, y la oscuridad hizo lo que hace mejor, amplificar los sonidos y las sensaciones.
Estaban ambos tan calientes que no les tomo nada el tener cada uno un orgasmo; ella sintiéndose deliciosamente masajeada por dentro y el exprimido a cada movimiento. El dolor de aquella posición y de aquellos trajes les importo poco; todo lo que importo fue el quedar uno sobre el otro muertos de cansancio, con sus mejillas, ya no heladas, una junto a la otra; sintiendo la respiración calida del otro sobre la suya.
Tenían numerosas maneras de morir allí, en especial en compañía de un enemigo. El frío del piso podía matarlos, el cansancio, la falta de comida, las heridas que mutuamente se habían provocado, el ser encontrados por alguien más. Pero ya nada de eso importaba. En un mundo donde la humanidad, como género y como cualidad, no solo no sobrevive, sino que no esta prohibida; ellos la habían hecho brillar, se habían olvidado de la guerra y se sintieron en casa.
Diego Muñoz Oliva
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