sábado, 18 de octubre de 2008

CAPITULO 14

LAS GUERRAS ANTARTICAS.



-¿Alguien más esta herido?- Interrogo el Capitán al asustado grupo. Al no contestar nadie más, dio la respuesta por negativa. Tenia una fuerza efectiva de veinte y dos hombres y nada de información con la que tomar decisiones. Es la pesadilla de un oficial, no poder tomar la decisión correcta, no poder tomar ninguna decisión; permitir que el pánico se apodere de ti y de tu compañía. Debía actuar antes de que fuera tarde.

-¡Teniente, recargue fusiles y lance grandas a treinta metros, hagan un perímetro y disparen a lo que se mueva!- Su voz sonó enérgica y segura en los oídos de todos sus hombres; quienes obedecieron sin dudar.

Se levantaron todos casi al unísono, tomando sus granadas en una mano, quitando les el seguro con la otra. Varios alcanzaron a lanzarla a los treinta metros, pero dos de ellos no; fueron alcanzados por los dardos luego que sacaran el seguro y antes de arrojar la granada. Sus cadáveres golpearon la nieve al caer, aun con las granadas en las manos; ahora tenían explosiones entre sus filas, y un gran distractor que les impidió a todos registrar el paisaje en busca de enemigos.

Todos seguían esperando un gran grupo de enemigos, apostados en algún lugar seguro, disparando a gran distancia. Todos menos el, y ese era su trabajo; el estaba entrenado para eso y sabia que los fusiles de dardos no eran efectivos a gran distancia, menos en ese viento. Debían de estar al menos a cien metros del refugio; salvo que estuvieran retrocediendo mientras ellos avanzaban.

-Concentren su búsqueda en los ciento cincuenta metros delante de ustedes- Ordeno con voz calma el Capitán a sus tropas restantes. - ¿Bajas?- Pregunto sin animo.

-Tres más señor- Fue la respuesta de uno de sus tenientes. Cuando sonidos de muerte volvieron a ocupar la radio, alguien se ahogaba en su sangre mientras esta y sus pulmones se congelaban; sus agónicas inhalaciones dieron escalofríos a la gran mayoría de sus tropas.

Un disparo de láser cruzo la tempestad, seguido de un grito de -¡Ahí esta!- por la radio. Pronto otro soldado de Mitsubishi cruzaba su láser en la noche hacia la misma dirección. Mientras mas jadeos de muerte se oían en la radio, otros más comenzaron a disparar en la misma dirección. –Señor esta muy mal, solicito permiso para terminar lo.- El soldado apenas alcanzo a terminar cuando su Teniente rugió. –¡Haga lo, haga lo!- Otro disparo, uno más breve, ilumino la noche eterna.

-Creo que le dimos- Dijo una voz por la radio

-¿Le dieron a algo?- Pregunto el Capitán por radio.

–Creemos que si señor- respondió otra voz.

-Será mejor que se aseguren- Les dijo el Capitán. –Teniente envíe a un hombre a revisar, el resto cubra lo y preparen se a encender esas luces.- Fue su nueva orden.

El soldado seleccionado, arbitrariamente, se acerco al trote, con su linterna encendida para pode ver a donde iba. Pronto llego a un agujero hecho en la nieve por los rayos láser, donde pudo distinguir huellas y un fusil láser cortado a la mitad.

-¿Qué es?- Lo interrogo un Teniente por radio, a la distancia.

-Nada señor. Solo un fusil láser; estuvo aquí pero se fue. Es solo una distraccio…- Y al responder el soldado se percato de lo que decía y pasaba. El era el señuelo. Pero ya era tarde, ya había levantado el fusil láser del piso, ya había removido el peso del fusil, que evitaba que se soltara la espoleta de una granada sin seguro. Lo que quedo de su cuerpo voló por la oscuridad varios metros, antes de caer echando humo y hecho jirones. Su grito se alcanzo a oír por la radio, agudo y temeroso.

-¡Teniente informe!- Rugió la voz del capitán.

-¡Era una trampa señor, solo para distraernos! Señor solicito permiso para volver al refugió.- Respondió el Teniente.

-Negativo Teniente. Encuéntrelos y Abrume los con su poder de fuego.- Fue su orden.

-Si señor comprendi…- No pudo terminar el Teniente de decir sus palabras, antes de morir con ellas en la boca. Su garganta emitía sonoros gemidos, mientras el frió y la hemorragia se disputaban el quitarle la vida. Su sangre manaba por boca y agujeros en su garganta; cuando el trataba de tocar su rostro y sacar los trozos de plástico de sus ojos. Pero lo que quedaba de su mascara de sustento vital no se lo permitía. Su ultima, aguda y larga inhalación enmudeció la comunicación radial por largos segundos; segundos en los cuales toda la tropa cerro sus ojos y trato de no escuchar.

El sabia que la sanidad mental, el valor, y la disciplina de sus hombres dependían de el y sus ordenes. –Todo mundo a bajo y protejan su cabeza- Fue su primera orden. -¿Sargento?- Fue su llamada

-Si señor- Respondió este.

-Los ataques han venido todos del norte. Se están moviendo ahora al noreste; están rotando sus posiciones de ataque. Trate de encontrarlos y rodee los. Se que ha perdido hombres pero es la única solución.- Dijo con tono calmado y pedagógico, desde la salida de uno de los túneles.

-Señor no vemos nada. Pareciera que no usan mascaras de sustento vital. ¿Cómo pueden respirara este aire tan frió?- El Sargento estaba entrando en pánico, como todo el resto de la tropa; debía hacer algo.

-¡Sargento contrólese! Si usan mascaras, es solo que ellos pueden apagar las luces de las suyas.- Le contesto. Sin poder evitar, llamarlo estupido supersticioso en su mente. El estaba convencido de que eran hombres y de que era un grupo. Pero algo no calzaba; ¿Si era un grupo por que rotaban los blancos? ¿Por qué se tomaban tanto tiempo en recargar y volver a disparar? ¿Sería para cubrir mejor su posición? No era necesario esconderla tanto si podrían haber acabado con todo al grupo, fácilmente. A no ser que no pudieran acabar fácilmente con todos; a no ser que su numero no fuera una amenaza y necesitaran que salieran para poder atacar.

-¿Dios mío que he hecho?- Se pregunto a si mismo antes de dar la orden a gritos - ¡Vuelvan Al refugio!-

¿Señor?- Pregunto la voz del Sargento.

-¡Traiga los de vuelta! No están jugando con nosotros. Solo no tienen capacidad para un ataque directo, desde adentro nos defenderemos mejor.- Rugió su voz en los oídos de todos, producto de los audífonos incorporados a las mascaras de sustento vital. –Cubran su retirada en grupos de ocho, ocho disparan y ocho corren.-

Enviando al demonio la disciplina, los soldados comenzaron a retroceder tal como se les había ordenado. Pero sin darse el tiempo de hacerlo bien, sin siquiera responderle a su Capitán. Fueron descuidados y se apresuraron mucho. Corrieron a la entrada del refugió sin revisarla primero.

Mientras su Capitán entraba y se dirigía a la puerta principal, y original, desde dentro del refugio; vio como uno de los primeros ocho soldados en entrar se tropezaba con una trampa. Lo vio caer en cámara lenta, sin poder hacer algo. Y vio la luz de la explosión que cerro el túnel y la suerte de su compañía. Algo tan simple como una granada en una de las paredes, con el seguro atado a un cable, y el otro extremo del cable incrustado en al otra pared. Eso era una buena trampa, habían planeado que el los llamaría de vuelta al refugió; pero aun así se podría haber evitado, con un poco de cuidado. El pánico había hecho lo suyo.

La radio se volvió un desorden de gritos, de los que solo se podía distinguir que los sobrevivientes eran atacados, mientras aun habían soldados atrapados bajo la nieve de la entrada. Agonía y muerte era lo que sonaba en su cabeza; estaba escuchando como todos su hombres eran masacrados allá fuera. Pero no los dejaría morir sin pelear.

Salio con su fusil por el túnel más cercano. Lo que le demoro casi un minuto; toda una eternidad para estar escuchando como tu gente muere y agoniza. Las gárgaras de sangre se confundían con los gritos, y las luchas por respirar con los pulmones congelados por el frió.

Cuando llego la superficie solo encontró cadáveres. Sus hombres en el piso, con las luces de su mascaras iluminando el fino hielo color rojo, en que se había convertido su sangre. Huelas de lucha por todas partes, y la entrada derrumbada del refugió aplastando soldados, fue todo lo que encontró. Ilumino la noche con su linterna y con la luz de su mascara; pero tampoco vio nada. Solo mas cadáveres y oscuridad.

Todos vestidos de blanco y manchados de rojo hielo. Sus trajes de camuflaje polar, blanco de pies a cabeza, los hacían mezclarse con el suelo en al tormenta. Solo los miembros aun no cubiertos por la nieve, y las heridas abiertas en sus cuerpos, rojas de sangre, los hacían distinguibles de la nieve.

En algunos cadáveres, los menos cubiertos por la nieve, las heridas eran distintas. No eran heridas de dardos en la cabeza, sino heridas de cuchillo en las extremidades. Alguien sabía de sus armaduras corporales y había cortado sus trajes de grueso hule y sus chaquetas, como si fueran nieve; ahí donde la armadura no los protegía. ¿Pero como? ¿Qué grupo de hombres podía planear una estrategia tan perfecta?

Apunto a la nada con su fusil. No había nada ahí, nadie. Camino entre los cadáveres sin poder creer lo que veía. Analizo las huellas y luego de unos minutos se dio cuenta de que era un solo atacante. Menos podía creerlo. ¿Qué clase de enemigo podía matar a treinta y cinco soldados bien entrenados, así? ¿Quién podía planear una estrategia semejante? -¿A que mierda nos enfrentamos?– Fueron sus ultimas palabras.

No pudo escuchar como uno de los cuerpos tirados en la nieve se ponía en pie. Menos ver como se le aproximaba por detrás con su corvo en mano. Solo sintió como le tomaban el hombro con una mano y el filo del acero clavando se le entre las piernas, para luego subir hasta su espalda; cortando y rajando, traje piel, genitales y músculos. Lo sintió rozar y mellarse con sus huesos, y sintió el agudo ardor que solo se detuvo cuando su herida descubierta se congelo.

Su mascara y la tormenta ahogaron su enorme grito de dolor. Y luego ahogaron un grito mayor, cuando su pierna izquierda fue tomada por su atacante; quien ahora lo arrastraba a dentro del refugió, por el mismo agujero por el que el había salido. Sabia su destino, mientras moría desangrado y congelado; ese único demonio come hombres se devoraría su carne, lo antes posible, antes de que se congelara. Se resigno llorando y aceptando, más que la derrota y la muerte, el que los demonios existían.



...

3 comentarios:

relletyrots dijo...

me gusto agora si no me quejo
todo bien pupo feliz y satisfecho
aplausos chiflidos y todo lo posible en sinonimo de aprovación
agora si no me quejo puedo esperar un mes mas por el capitulo 15 xD

cago chinito pero valio la pena una buena narración

pd: wn mataste al kevin xD

Diego Muñoz Oliva dijo...

Jajjajajajjaja no weon Kevin sigue vivo

relletyrots dijo...

si?
entonces aun no lo matas
xD