lunes, 26 de marzo de 2007

LAS GUERRAS ANTARTICAS

CAPITULO 1

Su padre siempre le hablo de esos palitos de madera y pólvora en la punta, llamados fósforos, que con solo rasparlos liberaban energía que daba como resultado una pequeña llama. Fuego, que se cargaba en el bolsillo.

Con la escasez de madera, gas vegetal, combustibles fósiles; era imposible imaginar al niño que debió ser su padre, cuando los tuvo en su mano, con decenas de palitos capaces de producir fuego en su bolsillo.

Fósforos, encendedores, chisperos; ya nada de eso existía. Ya desde hacia mucho nadie cargaba el fuego entre sus ropas. Ya desde hacia mucho, antes de que el naciera, toda la energía era eléctrica. Conseguida de las mas variadas formas; a través del viento mal oliente, de las grandes masas de agua que inundaban el mundo, e incluso salida del calor nuclear. La electricidad movía al mundo, o al menos lo que de el quedaba.

La crisis de los combustibles fue el primer Apocalipsis que vivo la raza humana. Cuando se encontró algún tipo de solución, continúo la crisis del agua, la de la tierra; y así hasta llegar a esto.

El Apocalipsis no fue la apertura del cielo, la llegada de un dragón y los 4 jinetes; todo en un día. El Apocalipsis es estar sentado en un hoyo cavado en la nieve, deseando tener los fósforos de los que hablaba su padre, para poder cocinar y comer carne humana.

El Apocalipsis es el abandono de toda moralidad con la excusa de sobrevivir. De esto la humanidad jamás se recuperara.

El seguía sentado en el piso de aquella gran cueva de hielo bajo tierra, o en realidad bajo la nieve, la cual le permitía resguardarse de las tempestades y respirar sin usar su mascara para nieve. Pensando en como uno de esos palillos podría encender el papel de aquel libro o cuaderno, escrito en ese idioma que nunca quiso aprender, que hace un rato ya le había quitado al cadáver de ese soldado chino…. O taiwanes, o ¿Quién demonios sabia?

La chaqueta que el oriental y su compañero llevaban no tenían ninguna insignia o distintivo que el conociera.

Sus tripas crujieron recordándole el asombroso hambre que sentía. El sonido hizo eco en la bóveda cavada, presumiblemente por sus enemigos muertos, en la nieve.

Pero había una razón por la cual el estaba vivo y sus enemigos no, una por la cual el podía durar mas tiempo sin comida y sin dormir, una razón por la cual sabia vencer con menos equipo; una razón por la cual su diminuto país seguía defendiendo su derecho sobre ese asqueroso trozo de hielo. Su entrenamiento.

Ya era casi el lema de su pequeña republica. “Lo que aprendas puede salvarte”.

Volviendo a su futura comida hizo uso de su instrucción en una forma olvidad de crear energía térmica. Tomo su fusil y le quito el cargador, del cual saco uno de los largos dardos que le servían de munición. Luego saco su corvo y sobre una masa de papel, ya cortado en delgadas y arrugadas tiras, y pelo de uno de los cadáveres, los golpeo hasta obtener chispas. Esto le dio como resultado fuego.

Las botas de sus enemigos, sus trajes, una de las chaquetas; todo era combustible. ¿Que importaba el olor? ¿Qué importaba el sangriento desastre que había hecho al cortar los trozos de carne de los cadáveres? ¿Qué importaba el ruido que habían hecho al morir? ¿Qué importaban sus almas? Hay cosas en las que es mejor no pensar, el olor es solo una de ellas. Si bien hacia mucho que no se sentía humano, el no comer carne cruda lo hacia sentir menos animal. O al menos era lo que el necesitaba creer.

Si bien el fuego derritió algo el piso de la cueva esa agua es imbebible incluso para un caníbal. Con sed luego de saciar su hambre con sus enemigos, saco de su mochila un cuchillo sin filo que clavo en el gélido suelo y luego lo encendió. Su G.A.P. (generador de agua potable) era una pieza clave de su equipo básico reglamentario, sin la cual no podías sobrevivir en la Antarctica. Este lentamente comenzó a derretir el hielo a su alrededor, pronto podría hundir su tacho en agua fresca; guardada por Dios durante millones de años en esos hielos eternos. Pronto probaría la mismísima razón de esta guerra.

Mientras grandes y despiadados ejecutivos/dioses de consorcios globales temían dentro de sus fortalezas que sus reservas de agua se terminarían, el bebía agua a su gusto y se paraba firme sobre el objeto mismo de su avaricia.

-Compraron países enteros para secarlos; sacar sus minerales de la tierra, contaminando su agua; criar ganado matando las selvas; esclavizando a su gente y obligándola a comprar lo que otros esclavos producían. Se hicieron ricos con nosotros y aun nos utilizan- Pensó odiando aquel mundo y aquel maldito blanco que lo rodeaba todo. Miro a los cadáveres y les grito. – ¡A ustedes los siguen utilizando, a mi me temen!-

Tardo unos escasos segundos en comprender que estaba siendo poco razonable. – los cadáveres no responden y menos sin carne sobre sus huesos – Se dijo a si mismo calmándose por fin.

Luego de guardar el resto de la carne ya congelada y revisar los equipos enemigos, enterró en el hielo los restos. Dijo una oración por cada uno y dejo sus cuchillos clavados marcando sus tumbas. Le habían enseñado que toda esa brutalidad era necearía para sobrevira, que por el y todos sus demás camaradas de armas la republica sobrevivía; que aquello no era brutalidad sino patriotismo. Pero cuando no te queda nada mas, haces todo lo posible para seguir siendo humano.

1 comentario:

AlejandraLeMiau dijo...

"haces todo lo posible para seguir siendo humano."

me gusto mucho ese ultimo comentario señorito diego, y debo decirle k me sorprendio su primer capitulo, me gusto la descripcion de la situacion, el relato en si es excelente, a mi gusto, explicas detalladamente pero sin aburrir, lo cual es super importante. seguire leyendo el segundo capitulo, felicitaciones mio.
me sorprendiste una vez mas ^^

Te ama
Tu Mujer.... y demaces personalidades mias...