LAS GUERRAS ANTARTICAS
¿Cómo llegamos a esto?
Hacia menos de dos siglos el mundo funcionaba con combustible fósil, las ciudades vivían infestadas de luz, la comida se podía comprar en lugares especializados en todas las ciudades, y el mundo estaba inundado de distintos tipos y formas de dinero. Dinero; ese mágico elemento que servia para comprar de todo, en todos lados y a todo el mundo; servia para comprar, incluso, cosas que no debían venderse, ni menos comprarse.
Pero el dinero se volvió plástico, y el dinero plástico no servia para comprar en cualquier sitio, no servia para comprar cualquier cosa. Esa fue la excusa que los gobiernos corruptos usaron en contra de sus naciones; sin el dinero las sustancias prohibidas no se podían comprar, eso significaba no más droga, no más prostitución, no mas corrupción, mayor control, menos evasión de impuestos. Parecía la formula dorada y mucha gente se comió el anzuelo completo y vendió su alma; pero no solo las suyas sino las de sus hijos y nietos, por siempre.
Luego los conglomerados financieros entraron en su guerra fría; promociones y precios en eterna competencia, para los ojos del publico; mientras por debajo compraban países enteros, o creaban los suyos uniendo territorios en fronteras de varios países, incluso se asesinaban unos a otros. Sabían la verdad sobre lo limitado de los recursos y compraron todo lo que pudieron, invertir a futuro lo llamaban ellos. Los gobiernos y los estados se achicaron producto del capitalismo, al punto en que eran innecesarios e incapaces de proteger a nadie; las mismas compañías lo habían pedido o exigido incluso, como formas de ayudar a la población. Solo estaban amarrando gente que jamás se podría liberar y debilitando a un enemigo que debía dejar de existir; así construyeron sus imperios, así consiguieron a sus súbditos, a su población. Así se convirtieron en países, así cambiaron la historia del mundo. Ahora eran dueños de todo, o por lo menos de lo poco que había. Si querías comer debías estar con ellos, trabajar para ellos, comprarles a ellos; cuando el dinero dejo de poder cambiarse y el plástico de un conglomerado no podía convertirse al de otro, la gente ya no pudo salir. Muy pocos se atrevieron a perderlo todo por ser libres, el consumo había consumido al mundo.
Luego vino la lucha real, la guerra. Que tenia en realidad dos objetivos; debían conseguir la mayor cantidad de los pocos recursos que quedaban en el mundo, en especial combustibles y nuevas o viejas formas de energía, todo servia; la segunda era aun más oscura, había que disminuir la población del mundo. El número de habitantes del mundo superaba la capacidad de carga del mismo; con los campos de cultivo quemándose por el calentamiento global, las bocas sin alimentar aumentaban con cada año. Eso brindo la idea de ejércitos numerosos siendo sacrificados en cuestiones de horas por todos los bandos; siempre habría más soldados, siempre habría pobres dispuestos a pelear por comida, ya fuera entre ellos o contra un ejército enemigo.
Con todo el enorme poder de los conglomerados mundiales, no todos sobrevivieron. No todos se atrevieron a llegar hasta el final, no todos quisieron sacrificarlo todo, no todos habían adquirido bombas atómicas. Algunos se unieron, otros desaparecieron; algunos incluso se quedaron sin recursos, debilitándose inicialmente en la lucha contra los países reales que aun tenían patriotas.
Fueron los menos y todos perdieron.
Por eso estamos aquí ahora, peleando por conservar la vida que nos queda; peleando por el agua que necesitamos para vivir y que es nuestra por derecho; con un hombre menos y con un fusil láser enemigo en mi mano.
Todo eso daba vueltas en su cabeza mientras el camino trazado con el láser ya casi estaba listo; sus compañeros estaban listos, su capitana estaba a su lado. Su plan debía funcionar o morirían todos. Como siempre la decisión estaba entre el enemigo y el frío, y no hay quien pueda derrotar al frío.
En la pared que se encontraba a la izquierda de la entrada sus enemigos vieron una luz, luego un rayo y muchísimo vapor. Tanto vapor como para no ver nada; tanto vapor como para no ver a los dos compañeros que entraron por la puerta principal ayudados por la confusión y la oscuridad. Estaban heridos y asustados, crecieron escuchando como los demonios destripaban a los hombres para devorar sus intestinos mientras sus victimas lo atestiguaban retorcidos en el dolor y la agonía. El solo haber matado a uno los había llenado de terror, el esperar el ataque sin saber si era un cazador solitario o un escuadrón los dejo al borde la locura; y ahora estaban a punto de morir en un ataque que no pudieron predecir.
Cuando el miedo congela a tu blanco es fácil acribillarlo con dardos de tu rifle; más aun si esta cerca de la puerta y a la vista. El enemigo encerrado siempre tiene el problema de no peder dispara con libertad pues puede herir a los suyos. Cuando eso y el miedo juegan en contra de tres hombres heridos y en nieblas y tinieblas, el resultado es fácil de prever.
El primer enemigo en caer fue el que estaba custodiando el flanco izquierdo, pues al dejar su posición quedo completamente frente a la entrada y desprotegido. Los dardos atravesaron su armadura corporal, a la altura de su estomago, lo suficiente para que quedara vivo sobre su propia sangre. Los disparos de sus compañeros solo crearon más vapor y peor aun delataron sus posiciones. El segundo cayó de un disparo en la cabeza que, al estar sin la mascara, le atravesó el cráneo y se clavo en la pared de hielo. El tercero estaba sentado en el piso, ya herido y sangrando; al disparar su fusil láser más de una vez se convirtió en un a amenaza y fue acribillado.
El vapor se disipo y encontraron el cadáver de su compañero muerto. También pudieron ver como el único enemigo vivo se arrastraba para recuperar su arma y fue prontamente detenido. Ninguno tenía la energía para enterrar a su amigo; pero eso no era problema, lo podían hacer mañana y dejar que el hielo lo embalsamara durante la noche.
Mas no podían dormir aun o el frió los mataría como hacia ahora con el soldado del dinero que se quejaba mientras su sangre se congelaba en su herida y sus pulmones dejaban de ser tejido blando y se ponían rígidos. Un corvo acabo con su agonía, luego le quitaron las botas y mientras uno bloqueaba la nueva entrada y los otros dos guardaban lo que habían dejado fuera; el hizo un fuego con ellas y las cosas que se destruyeron con la granada. En ese fuego asaron a uno de sus enemigos y comieron en silencio.
Se acostó por fin en los restos de chaquetas que quedaban sin poder moverse y con unas incontrolables ganas de orinar. En cualquier otro lugar del mundo debería levantarse e ir al baño, o a donde fuera. Pero si, tener una manguera introducida en la uretra tenia algo bueno, algo que fuera, era el que cuando estaba así de cansado no debía ponerse de pie para orinar.
miércoles, 19 de marzo de 2008
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